Habitualmente utilizamos infraestructuras digitales sin detenernos en su diseño y funcionamiento. Desde la perspectiva del uso pueden aparecer como transparentes: enviamos mensajes, almacenamos archivos, publicamos contenidos o participamos en una videollamada sin necesidad de conocer las múltiples operaciones que hacen posibles esas acciones. Sin embargo, aquello que para algunas personas aparece como una herramienta disponible supone, para otras, tareas de instalación, mantenimiento, administración, diseño, documentación y cuidado (Star, 2002).
Partimos de la posibilidad de que los colectivos puedan pasar de una relación exclusivamente centrada en el uso hacia distintas formas de participación infraestructural: conocer las tecnologías que sostienen sus prácticas, discutir cuáles utilizar, intervenir sobre ellas y desarrollar capacidades colectivas para administrarlas, mantenerlas y transformarlas (De Mello, 2026). Esto supone también aprender a mirar críticamente las infraestructuras que habitamos. Una parte importante de nuestras prácticas digitales se desarrolla sobre grandes extensiones infraestructurales privativas que se presentan, desde la experiencia cotidiana, como servicios disponibles para el consumo (Google, Meta, Amazon, Microsoft, Apple, OpenAI, entre otras). Podemos utilizarlas intensivamente sin conocer cómo están organizadas, qué decisiones técnicas y políticas incorporan, dónde se encuentran nuestros datos, bajo qué condiciones podemos migrarlos, quién gobierna esas infraestructuras o qué posibilidades reales tenemos de modificarlas. Habitualmente, estas infraestructuras se vuelven perceptibles cuando varían sus condiciones e impiden la continuidad de otros procesos que consideramos centrales en nuestra práctica. La perspectiva crítica que proponemos busca desplazarnos de esa posición exclusivamente consumidora para preguntarnos por las relaciones, dependencias, saberes, trabajos y decisiones que hacen posible una infraestructura, y por el lugar que podemos ocupar colectivamente en ellas.
El software libre ofrece condiciones particularmente fértiles para este tipo de participación. Sus posibilidades de estudio, modificación, redistribución, autogestión e interconexión permiten explorar relaciones con la tecnología que no se agotan en su consumo como servicio. Estas condiciones pueden contribuir a la apertura de nuestras propias formas de organizar el trabajo, distribuir conocimientos y construir capacidades colectivas. A su vez, son también las prácticas cotidianas de uso, mantenimiento, documentación, aprendizaje, cooperación y transformación las que actualizan, amplían o limitan esas libertades. Por eso, se propone desplazar parcialmente la pregunta de qué es software libre hacia cuándo el software se hace libre: en qué relaciones, prácticas y condiciones concretas sus posibilidades de estudio, intervención, apropiación y transformación llegan efectivamente a realizarse.
Mesa de infraestructuras libres y participación infraestructural
Se propone pensar esta relación desde una recursividad metodológica en la que las condiciones desde las cuales interrogamos las infraestructuras forman parte del propio proceso de indagación (Estalella, 2018). Las infraestructuras libres pueden contribuir a producir prácticas más abiertas, participativas y autónomas, al mismo tiempo que son esas prácticas concretas las que producen sentidos situados acerca de que significa libertad, apertura y autonomía. La mesa propone desarrollar un espacio material abierto de encuentro, conversación, exploración e intervención sobre las infraestructuras tecnológicas que forman parte de nuestras prácticas cotidianas y colectivas. Allí podrán recorrerse infraestructuras actualmente utilizadas por distintas experiencias comunitarias del ecosistema libre en Uruguay, realizar instalaciones y migraciones en los dispositivos de quienes participen, intercambiar conocimientos y explorar colectivamente otras formas de organizar nuestras prácticas tecnológicas.
En este movimiento de apertura y participación infraestructural, la propia mesa es entendida como un artefacto infraestructural libre y abierto, orientado a la producción de conocimientos, dispositivos, experiencias, herramientas y capacidades. En este sentido, la mesa propone desarrollar un espacio de experimentación colectiva. Su carácter abierto supone la posibilidad de derivaciones y ensamblajes que puedan producirse durante el encuentro y redefinir de manera continua qué significa no solamente utilizar tecnologías, sino participar en las condiciones técnicas que hacen posibles nuestras prácticas.
Referencias:
De Mello, W. (2026). Memorias del archivo: Infraestructuras, acoplamientos y co-generatividades abiertas Tesis de maestría, Universidad de la República.
Estalella, A. (2018). Etnografías de lo digital: Remediaciones y recursividad del método antropológico. Revista de Antropología Iberoamericana, 13(1), 45–68.
Star, S. L. (2002). Infrastructure and ethnographic practice. Scandinavian Journal of Information Systems, 14(2), 107–122.